
Hijo de padre escocés y madre francesa, nace en la ciudad cubana de Camagüey, el 3 de diciembre de 1833, Carlos Juan Finlay, quien habría de convertirse en un reconocido profesional. Su educación comienza en la naturaleza misma, influenciado por los campos en donde le tocaba vivir, y con la enseñanza dada por una de sus tías.
A los once años es enviado a Francia para continuar su educación escolar, pero un ataque de corea se interpone y debe regresar a Cuba. Tiempo después regresa a Europa y a Estados Unidos, pero su estadía allí es, por motivos diversos, fluctuante. Finalmente se gradúa como doctor en Medicina en 1855 en el Jefferson Medical College de Filadelfia.
En su país, estimuló la adopción de medidas tanto profilácticas como sanitarias en el marco de una epidemia de cólera, pero sus consejos fueron desatendidos ya que las autoridades coloniales españolas se sentían tocadas en su orgullo de soberanas y creían que aceptar su recomendación era lo mismo que aceptar una crítica a su gestión gubernamental.
Realiza en 1881 un viaje a Washington D.C. para presentar pro primera vez ante la Conferencia Sanitaria Internacional su teoría de la transmisión de la fiebre amarilla, mediante un agente que era el mosquito. Además de este descubrimiento, también dio con un método seguro oara erradicar la enfermedad. Pero, otra vez, su hipótesis no logra una acogida cálida sino más bien escéptica. Sólo una revista publicó su aporte, que durante veinte años careció de atención por parte de la comunidad médica.
Cuando el médico militar William Crawford Gorgas, tras las pisadas de Finley, toma las medidas que éste había indicado, bastaron sólo siete meses para erradicar la fiebre amarilla de Cuba. Este fue el inicio del método sanitario-social conocido como lucha antivectorial, que se emplea todavía hoy.
Finley, además de dedicarse a la práctica de su profesión y a la producción de escritos académicos sobre Patología y terapéutica —muchas veces adelantado a sus compatriotas, tal como queda ejemplificado en sus investigaciones sorbe la filaria y el cólera—, supo también hacerse un espacio para el ocio y llenarlo descifrando un manuscrito antiguo en latín o bien elaborando teorías sobre el cosmos.
Luego de una vida larga y activa, fallece a los 82 años en La Habana, en 1915.
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