
De padres franceses nace en junio de 1907 el psiquiatra argentino Pichon-Rivière en Ginebra, Suiza. Vale reseñar, también, que sus padres eran renegados de su condición burguesa, muy ligados a la idea progresista y a la actitud de rechazo a las normas culturales tan de la época, vinculadas, muy posiblemente, por su admiración hacia la poesía de Baudelaire y Rimbaud. Más tarde habrá de continuar el legado paterno entregándose a la bohemia y a la amistad con Roberto Artl y Conrado Nale Roxlo, entre otros. Lee Baudelaire, Rimbaud y al Conde de Lautréamont, quien le sirve de base par desarrollar una investigación profunda de lo siniestro.
Pichon-Rivière ha señalado que su vocación por las ciencias del hombre emerge de una tentativa por resolver el conflicto entre sus dos culturas, europea de origen y guaraní ganada al ser testigo desde los 4 hasta los 18 años, cuando su familia emigra al Chacho. Esta curiosa mezcla produjo que converjan dos modelos culturales casi opuestos. Así, su interés por la observación de la realidad, por ejemplo, comenzó del lado de lo precientífico y lo mítico, para afianzarse recién mucho después con una metodología científica, cuando comenzó sus estudios de psiquiatría.
Su contacto con el psicoanálisis ocurre después de su ingreso en la Facultad de Medicina, pero durante este transcurso tiene el contacto con la muerte, que refuerza su decisión de trabajar en el campo de la locura, a la que considera una forma de muerte reversible. Al iniciarse en la psiquiatría clínica comienza a ver la conducta como una totalidad que evoluciona de modo dialéctico, donde se puede ver un aspecto manifiesto y otro subyacente del contacto con los pacientes concluye que toda conducta desviada entraña una situación de conflicto previa, lo que hace de la enfermedad un intento fallido de adaptarse al medio y, por lo tanto, un proceso comprensible.
A principios de los 40s funda, junto a Garma, Cármaco y Rascovsky, la APA, Asociación Psicoanalítica Argentina, de la cual se alejaría luego por interesarse en el aspecto social y la actividad de los grupos, dedicándose a trabajar en la Escuela de Psicología Social. En los 50s participa en la creación del IADES y de la Primera Escuela Privada de Psicología Social.
Sus trabajos contribuyeron a establecer un vínculo entre las dos vías de implantación del psicoanálisis en la argentina, la literaria y cultural, por un lado, y la terapéutica por el otro. En 1955 conoce nada menos que a Jacques Lacan, quien lo recibe e su casa acompañado del formidable Tristan Tzara.
Como no es para menos, queda impresionado por la forma que este muchacho tiene de pensar el freudismo, lo cual lleva a que Pichon-Rivière, más tarde, introduzca el lacanismo en Buenos Aires, al darle a leer los textos del maestro a joven filósofo Oscar Massota quien, más tarde, habría de escribir respecto a él que “su vida era una verdadera deriva y, de todos modos, nos concernía a todos de una manera u otra. Él tenía algo de la imagen del Santo a quien se le perdona todo”.
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