Intentando revitalizar la tradición del siglo XIX de las anécdotas clínicas, que decayó cuando la medicina se transformó en algo todavía más impersonal, Oliver Sacks se suma a los médicos que relatan casos clínicos a través de un estilo literario relajado e informal. Doctorado en neurología en la Universidad de California, profesor clínico de neurología en la Escuela de Medicina Albert Einstein, y profesor adjunto en la Universidad de Nueva York, entre otros, todavía encuentra tiempo para dedicarse a escribir.
Los casos que describe no suelen tener mucho detalle clínico, sino que prefiere concentrarse en las experiencias del paciente. Algunos de ellos, en sus relatos, poseen enfermedades incurables a las cuales consiguen adaptarse. En sus publicaciones habló del síndrome de Asperger y del de Tourette, del Parkinson y la agnosia visual, entre otros. Su obra fue traducida, al momento, a 21 idiomas.
De la mano de Stephen Hawking, es uno de los mayores divulgadores del pensamiento científico entre el público masivo y no especializado. Escribe historias clínicas como novelas donde se prioriza la vida interior del personaje que está frente a la necesidad de construir una nueva realidad que le permita llevar delante de la mejor manera su vida. El diagnóstico se torna un detalle menor, es apenas un proemio para dar el pie al relato. Sus personajes son héroes que aprenden a superar obstáculos.
En uno de sus prólogos señala que Hipócrates introduce el concepto histórico de enfermedad, la idea de que las enfermedades siguen un curso y luego un desenlace, trágico o feliz. Esa historia, así como el historial médico moderno y riguroso, prescinde de un sujeto, hay sólo una descripción nominal y demográfica, nada cuentan del individuo y su historia.
Sacks toma esto y lo revierte, recobrando ese relato que se pierde cuando el paciente explica su historia al médico. Quiere situar de nuevo en el centro al sujeto, el ser humano que se aflige, lucha y padece, y para esto revitaliza el historia clínico hasta desfigurarlo por completo, arrancarlo de su aspecto utilitario y hacerlo narración.
Al ‘qué’ se le suma un ‘quién’ que no es sólo un número ni, en sus propias palabras, una ‘hembra albina trisómica de 21’. El objetivo es re-humanizar; el método, la narración.
Sus libros, editados en castellano en Anagrama, sin una profundidad excesiva pero de un tono ligero, muchas veces humorístico, siempre humanista y con el agregado de varias curiosidades médicas para mantener la atención interesada hasta el final, pueden convertirlo en una buena lectura para este verano.
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